17 febrero 2012

Anecdotas de domingo.

Por aquellos tiempos los nenes jugaban con una pelota hecha de tela. No existía nada parecido a una play. Lo "top" era el balero y la payana. La nenas preferían la rayuela, o el elástico tal vez.
En esa época la puerta de calle siempre estaba abierta, y era costumbre saludar a cada persona que pasaba por la vereda. Mientras los niños iban y venían, la abuela tejía la ropa y criticaba con su vecina a la señora de en frente que había ido a comprar a la despensa de otro barrio y no a la de la esquina de su casa.
Las paredes que estoy viendo ahora no existían. Solo había un par de alambres atados a palos para que los perros del barrio no se coman a las gallinas del abuelo.
El árbol gigante del patio era lo que llenaba de alegría la casa. A todos les gustaba sentarse a tomar mates ahí. Ese árbol escucho y conoció muchas historias las cuales son relatadas casi todos los domingos de mi vida.
La familia mas numerosa de la cuadra estaba ahí: seis eran los hermanos. Tres nenas y tres nenes. Bien pareja le había salido la cosa a Lujan y a Roque, que con su gran diferencia de edad habían podido criar a estos chicos que hoy en día tienen sus vidas muy bien encaminadas, a pesar de que el destino y las malas acciones hayan dividido las aguas.
La familia iba creciendo de a poco. Los mayores se casaron e iban teniendo a sus propios hijos. Los menores seguían estudiando. Las mujeres todavía estaban solas, y cuando menos lo esperaba la mas chica conoció a la persona con la cual iba a pasar el resto de su vida.
A sus doce años ella iba a la escuela para volver y ayudar a las tareas de la casa. Jugaba un rato y esperaba que pase, a las 6 de la tarde, el regador para sentir ese olor a tierra recién mojada y ver como los demás de la cuadra corrían para mojarse un poco. También veía pasar por la cuadra a un par de adolescentes rara vez sin una botella de vino o fumando cigarrillos. Uno de ellos le llamaba misteriosamente la atención.
Alto y flaco, criado por un cantante de tango y su odiosa mujer, era un rebelde de la época. Se llevaba el mundo por delante, pero sabia donde estaba el limite. Trabajaba muchas mas horas de lo normal, y en su tiempo libre le gustaba ir a tomar "algo" al bar que quedaba a unas cuadras. Ahí surgieron probablemente muchas de sus anécdotas de domingo. Ahí pasaba su tiempo libre, jugando al truco y contando historias de la ciudad. Uno de sus mejores amigos era Adolfo, compañeros de salidas y de jugar al fútbol.
El "chino" como lo apodaba su Padre, conoció la casa de su amigo situada en Lavalle al 700: vio a los dos hermanos mas chicos tomar mate bajo el árbol, a Lujan darle de comer a los dos perros galgos que tenian y a Roque escuchar el partido de San Lorenzo-Boca en la nueva radio que habian comprado con tanto esfuerzo.
Ahí fue cuando el destino encontró a estas dos personas, en esa casa, en presencia del árbol.
Para ese entonces 'la petisa' tenia 18 y el 25. Ya era toda una señorita. Tal vez sus rubios rulos o su forma de vestir era lo único que hiso falta para que se enamoraran. 
Se unieron dos familias. La mesa se tornó mas grande. Los kilos de asado eran muchos y una damajuana de vino ya no alcanzaba para todos. Los dos abuelos entonaban algún que otro tango pasadas las 12 de la noche, y los recientes yernos de sus hijas tocaban la guitarra hasta las 2, mientras las abuelas y alguna que otra vecina jugaban al chinchon en la sobremesa.
Todo eso fue cambiando lentamente, aunque las tradiciones nunca cambiaron. Todo marcho bien por el resto de los años.
Estas paredes construidas hace 70 años o mas, vieron crecer a muchas gente. Vieron el amor, la amistad, los llantos, las risas. Vieron la luz y vieron la muerte. Algunos se fueron recordando toda la buena vibra que esta casa brindó, otros se fueron sin avisar, pero todos dejaron recuerdos, anécdotas, chistes y canciones, en algún recoveco de esta casa.
Desde entonces pasaron muchas cosas en donde ahora hay un quiosco y una gran casa. 
El flaco y la petisa se casaron en un otoño que anunciaba la llegada de algo nuevo en su vida. Tiempo después tuvieron 4 hijos; uno de ellos esta sentado frente a una computadora escribiendo esta breve reseña que es producto de la memoria de sus protagonistas y de las viejas fotos ya en sepia que hay en un cajón.

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